Profesores y propofoles.

jefe malo

Cuando llegas al final de la carrera, y echas la vista atrás, te das cuenta de que, durante la misma, han existido dos tipos de profesores: los profesores que predican con su propio ejemplo sacando a relucir todos esos valores con los que llevamos conviviendo todo este tiempo, que comprenden la situación del estudiante que se convierte en un conejillo de indias formando parte de un nuevo experimento plan de estudios, que muchas veces se ve sobre saturado porque, a pesar de contar con un año más de carrera, que a priori podría parecer perfecto para descomprimir la enorme cantidad de conocimientos que acompaña a esta profesión, únicamente ha servido para añadir una serie de asignaturas, algunas tremendamente interesantes (I♥2.0), otras tremendamente… mmm… e… (vale, lo he intentado), que lo único que han conseguido es compactar aún más la carrera substituyendo, en muchas ocasiones, las valoradísimas clases magistrales por las no tan valoradas clases del profesor Google, que tantas dudas ha sabido responder marcando casi siempre el camino hacia la famosísima Wikipedia, fuente de información betada, prohibida, castigada, flagelada, ….ada,  pero que, sin embargo, puede ser usada por algunos profesores para la confección de sus presentaciones en Powerpoint (Sí, os hemos pillado, no somos tan tontos como os pensáis). Este tipo de profesores los considero como “incatalogados” ya que no han durado mucho entre la Pole Position de nuestro centro siendo nominados para abandonar la casa, como se diría en ese gran programa de divulgación científica.

Bien, dejando rollos a un lado, me centraré en el profesor tipo B, o el que entre los alumnos es conocido de forma cariñosa como “el/la gilipollas”, gracias al buen feeling que crea en sus clases a las que, desgraciadamente, y le pese a quien le pese… los alumnos vamos a aprender, o a intentarlo por lo menos. Es ese profesor que incentiva el aprendizaje colectivo con frases como… “¿de verdad no sabes eso?” (invitando al resto de compañeros a callarse para la eternidad) mientras mira uno a uno con cara de asco… como el que huele a sobaco axila corrompida dentro de un ascensor y, aprovechándose del subidón que propicia el creerse un ser superior frente a unos tristes estudiantes por, simplemente, tener muchos años de carrera profesional a la espalda, añade la alentadora coletilla de “¿y qué vais a hacer cuando estéis en prácticas?” pues señora… rezar para que usted y yo no coincidamos en ellas porque como tenga que aguantarla dos meses y medio me pego un tiro. Siento no saberme de cabo a rabo los apuntes íntegros de los cuatro años de carrera, siento no tener tiempo de ir a la biblioteca para saciar mi sed de información ya que tengo que trabajar para pagarme la carrera y que a su vez la universidad pueda pagarle a usted para que intente empujarnos al suicidio colectivo, pero lo que de verdad siento, es que su esfuerzo no sirva para nada porque si no nos hemos suicidado ya en estos cuatro años… no va a conseguir que lo hagamos ahora.

Por suerte tenemos grandes personas y profesores entre el claustro, que han sido capaces de motivarnos en momentos difíciles, algunos estuvieron esporádicamente, otros se marcharon, otros cambiaron de bando…

En fin… que os acordéis de que el Propofol no contiene antimicrobianos, ¡¡¡cambiaros la bomba cada 12 horas!!!

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Carajo sobre carajo

jacques matronEnfermera, esa profesional rebosante de empatía, asertividad, amor hacia los demás… y digo yo, ¿esas cualidades, a priori innatas, se refuerzan gracias a los cariñosos soplamocos a los que nos someten día sí, día también, en la universidad?

Dicen… ¡cuando acabéis seréis un elemento activo esencial en el cuidado de la población! ¡y un carajo! A este paso cuando acabe voy a tener que plantearme un año sabático para recuperarme de las insalubres conductas a las que nos someten.

Durante estos días estamos llevando a cabo el último prácticum de simulación (PPS, que nos gustan las siglas) y bien, de simulación no tiene nada ya que la aula estaba llena de potenciales pacientes, más necesitados de cuidados que capacitados para cuidar, entre los que me incluyo.

Compañeros con Gastroenteritis, gripe, pasando por un proceso post-quirúrgico… cascados de todo tipo… y bueno, eso es amor por el estudio, devoción por los profesores, ganas de aprender, … ¡¡¡otro carajo más grande que el de antes!!! Eso es que la planificación de nuestros periodos prácticos no contempla que, como seres humanos que se supone que somos (ojo, digo “se supone” por no hacer afirmaciones que puedan herir la sensibilidad de alguien) podamos caer enfermos, ser intervenidos quirúrgicamente o hasta ser requeridos por la justicia (en nuestra universidad esto último no ha pasado, es privada y somos gente bien). Entonces, a lo que nos enfrentamos los alumnos y nuestros inseparables procesos patológicos es a un suspenso de la asignatura por faltar un día a clase y, por lo tanto, un año más de carrera para recuperarla el curso que viene.

Pero vaya, intuimos que ese es el espíritu enfermero, anteponer tu salud a una clase, a la de un paciente, a la de…. ¡¡¡¡MEEEEEEEC!!!! Ah, ¿pero no es así?, pues no, porque un buen día te comunica la excelentísima y todopoderosa tutora del prácticum que la clase del día siguiente queda suspendida porque la profesora está indispuesta…  ¡Atención, cancelad las ambulancias que habéis pedido para acudir a clase porque la profesora está indispuesta y eso si que es motivo para saltarse la clase!, que no lo dudo… pero me habían hecho creer que las enfermeras siempre estamos dispuestas, nunca enfermas, siempre a punto para ayudar al prójimo, para formarse, para darlo todo en el ring de los cuidados.

Pues bien, ríase doña Nightingale, pero esto es más duro que la guerra de Crimea, allí por lo menos tenían camas mientras que las de nuestra aula de simulación están todas ocupadas por muñecos de plástico, esperando a ser masacrados por una panda de insensatos (y enfermos) “futuros enfermeros”.

En el punto de ebullición, ¿Qué hago cuando acabe la carrera?

531415~Avion-de-pasajeros-despegando-al-atardecer-Posters[1]Apurando las últimas clases de la carrera, cuando te viene a la mente la tremenda preocupación, agravada por los tiempos que corren, de qué hacer el curso que viene: estudiar un Master, preparar el EIR, cortarte las venas… o dejártelas crecer. Lo que es seguro es que el trabajo como enfermero se encuentra en búsqueda y captura, por no decir en peligro de extinción.
Pues bien, creo que la respuesta a nuestras dudas puede encontrarse a unos cuantos kilómetros de las fronteras de este país, pisoteado por las castas políticas, que han hecho del sistema sanitario un verdadero desastre para nuestra profesión.
¿La solución? Vencer el miedo. ¿A qué? A avanzar, a vivir nuevas experiencias, a abrirnos a un continente/planeta en el cual no vamos a estar en peores condiciones que las que se estan viviendo en estos momentos en España, siempre y cuando seamos cautelosos e inquietos en la búsqueda de información sobre el país en cuestión.
Aquí os dejo un enlace donde podréis encontrar información al respecto, no especializada en Enfermería, pero en la que se encuentran multitud de compañeros/as de profesión: www.spaniards.es
Espero que os sirva como inicio a una reflexión sobre una opción poco cotejada por muchos.
Saludos.